La importancia del deporte en la vida cotidiana

Hoy ya nadie pone en duda que una vida sedentaria es perjudicial para la salud de las personas, y esto lo podemos contemplar en todas las personas de nuestro entorno para darnos cuenta de ello, comparando los que realizan deporte o alguna actividad física asiduamente con lo que no practican ningún tipo de ejercicio físico.

Los ejercicios aeróbicos, como pueden ser el ciclismo, caminar o el correr producen diferentes cambios fisiológicos, a partir de los cuales demuestran los beneficios del ejercicio físico. En relación al sistema cardiovascular, el ejercicio físico provoca un aumento del tamaño y de la capacidad motora del corazón en las personas, lo cual comporta a su vez una reducción de la frecuencia cardíaca en reposo, es decir, sin hacer ejercicio. También aumenta la circulación de la sangre por los capilares y la cantidad de glóbulos rojos. Todo ello consecuentemente comporta un mayor rendimiento físico de la persona, cansándose menos consecuentemente y recuperándose antes después del esfuerzo realizado.

El ejercicio físico es también beneficioso ya que regula el nivel de colesterol y de triglicéridos de la sangre, evitando la acumulación de grasa en las arterias y en la zona subcutánea. Respecto a la capacidad pulmonar se refiere, aumenta el oxígeno que absorben los pulmones.

El mismo esfuerzo físico, nos llevará también a un crecimiento de algunas fibras musculares que no se nos desarrollarían en el caso de llevarse una vida sedentaria, aumentando pues las reservas de energía que acumuladas en los músculos. Esto es lo que permite a toda persona que practica deporte de una manera regular, aguantar más fácilmente la fatiga y el cansancio, incrementando su resistencia física.

La actividad física también nos ayudará a su vez a equilibrar el apetito y al correcto funcionamiento del aparato digestivo.

Ya sabeis… ¡practicar deporte!

Realizar actividad física en verano

pareja corriendo

Para estar sanos y conservar nuestra salud necesitamos seguir realizando ejercicio y actividad física también en verano. Nuestro cuerpo lo agradecerá. Cada época del año tiene sus características y deberíais adaptar vuestra actividad física a la estación en la que os encontráis.

En verano hace más calor y hay que evitar hacer ejercicio durante las horas centrales del día, cuando el sol está en su punto más alto es decir, de 12h del medio día a 16h. Lo ideal sería seguir los impulsos de nuestro reloj biológico interno y “escuchar” lo que os pide. Si sois de los que os cuesta madrugar y por las mañanas estáis más activos, vuestra predisposición os invitará a realizar ejercicio a primera hora del día, entre las 8h y las 10h de la mañana, por el contrario si sois más bien personas que sus niveles de actividad suben a última hora del día, vuestro cuerpo y vuestra predisposición “os pedirá” moveros cuando ya no hace tanto calor y a partir de las 20h y hasta las 22h los niveles de energía responderán a esa demanda energética. Intentar no realizar ejercicio más tarde de las 22h. Por la noche, alteráis el reloj biológico interno y mermáis vuestras horas de sueño y es importante el saber descansar para así poder recuperarse del rigor de una correcta distribución de las cargas de entrenamiento.

Pensar que el deporte agita, activa y realizar ejercicio de noche está enviando al cuerpo una “contra orden”. Por un lado vuestro cuerpo está iniciando ya sus procesos de descanso, recuperación y reparación; en cambio por el otro, le estáis pidiendo:” ¡actívate! Interrumpe tus procesos, deja lo que estabas haciendo porque ahora voy a hacer ejercicio”. ¿No te parece raro? ¿No crees que te faltará predisposición física y mental? Por lo tanto, con ese déficit de atención vais a aumentar el riesgo potencial de sufrir una lesión. Intentar evitar esta situación y respetar las horas de sueño.

Escojáis la hora del día que escojáis para mover vuestro cuerpo, recordar hidrataros bien, bebiendo al menos 2 litros de agua en circunstancias normales. ¡APRENDER A ESCUCHAROS! Cada cuerpo es diferente, según la edad, nivel de entrenamiento, intensidad del ejercicio realizado, lugar escogido, ya sea en interior o exterior,… vuestras necesidades hídricas pueden variar y vuestros requerimientos pueden ser mayores. Reponer las reservas tan pronto como os sea posible. Una buena idea es añadir trozos de fruta fresca al agua que bebemos, en vez de optar por refrescos industriales y sus consecuencias para la salud.

Si algún día decidís practicar deporte en algún momento más próximo a las horas centrales del día, no olvidéis usar un protector solar con un factor adecuado al lugar dónde os encontréis e intentar renovar esa capa protectora cada dos horas de exposición solar. Gorra y gafas de sol son muy buen complemento para practicar deporte en exteriores.